top of page

Cuando el germen sueña con la diáspora es un proyecto que entrelaza poesía, biología y tecnología para articular una reflexión sobre la memoria, la palabra y la vida en expansión. La obra se desarrolla como un acto performativo sostenido en el tiempo, un ritual que comienza en el gesto de la voz y continúa a través del crecimiento vegetal, en un proceso de transformación constante. Desde su origen, la pieza tiene como motor un acto litúrgico en el que la poeta Cleofé Campuzano recita versos a un conjunto de semillas. Este primer momento, documentado en vídeo, constituye el núcleo generativo de la obra: un ejercicio de transmisión simbólica donde la palabra poética se inscribe sobre la materia viva. Las semillas, dispuestas sobre la membrana de un altavoz, reciben las vibraciones de la voz a través del sonido amplificado, como si el lenguaje humano pudiera imprimirse en su interior mediante la resonancia. La escena adquiere un carácter ritual: una invocación que otorga a la semilla una memoria acústica, un germen que sueña con desplazarse, germinar, transformarse.

La palabra como acto germinativo

 

En Cuando el germen sueña con la diáspora, la palabra no es solo un vehículo semántico, sino una energía vibratoria y material. La voz de la poeta actúa como principio vital, activando el tránsito entre el lenguaje y la biología. En el contacto entre sonido y semilla, la obra plantea la posibilidad de que la palabra pueda dejar huella más allá del cuerpo humano, de que el lenguaje poético se convierta en un agente físico de transformación. Este acto inaugural —la recitación dirigida a las semillas— constituye una performance de transferencia: una ofrenda en la que el texto se incrusta en la materia como código vibratorio. La voz deja de ser discurso para devenir resonancia, ritmo, frecuencia. De esta manera, el germen se convierte en archivo viviente de la palabra, portador de una memoria que no es lingüística, sino energética.

 

El vídeo que documenta la acción inicial no funciona solo como registro, sino como prolongación del gesto. A través de la proyección o el sonido reproducido en el espacio expositivo, la voz de Campuzano sigue resonando en el entorno, manteniendo viva la liturgia poética durante todo el proceso de la obra.

De la semilla al brote: biotecnología y devenir vegetal Tras la recitación, las semillas son sembradas. De ellas surgen brotes de diferentes plantas, que crecen y se desarrollan dentro del espacio museístico. Estas plantas, expuestas al público, están conectadas a una placa de programación Arduino que registra su bioconductividad en tiempo real.

 

La instalación traduce las variaciones eléctricas de las plantas —producto de sus procesos vitales y de los estímulos del entorno— en datos MIDI que se visualizan en una pantalla como una partitura dinámica. Este sistema transforma la actividad biológica en un flujo de información sonora y visual, permitiendo observar la respuesta del organismo vegetal ante el entorno y la interacción humana. El resultado es un dispositivo híbrido en el que lo biológico y lo tecnológico coexisten, generando un espacio de mediación sensorial. Las plantas no son meros objetos de observación, sino agentes activos dentro del sistema, productoras de señales, ritmos y formas. La tecnología, en este contexto, no traduce la naturaleza, sino que amplifica su agencia, permitiendo que su presencia sea audible, visible y compartida.

 

La voz de la poeta, contenida en el vídeo que acompaña la instalación, continúa sonando incluso en los momentos de ausencia del público. De esta manera, el ritual se prolonga indefinidamente: el poema sigue pronunciándose sobre las plantas, reactivando el vínculo entre lenguaje y crecimiento. La obra funciona así como un sistema de resonancia continua, donde la energía poética y la energía vital se retroalimentan. La semilla, convertida ya en planta, responde a las vibraciones sonoras; la tecnología traduce su respuesta en datos; y el público, al observar y participar, completa el circuito simbólico de la obra. El micrófono permanece encendido, disponible para nuevas voces. En determinadas activaciones performativas, tanto la poeta como los visitantes son invitados a intervenir verbalmente, recitando o pronunciando textos al micrófono. Estas nuevas voces se incorporan al sistema como impulsos eléctricos que modifican la bioconductividad de la planta, alterando los datos y, con ello, la partitura visual. El acto de hablar se convierte, una vez más, en acto de siembra: cada palabra transforma la conducta de la planta y reescribe el espacio sonoro de la obra.

El título de la obra introduce una noción fundamental: la diáspora como metáfora del desplazamiento y la dispersión de la vida. La semilla encarna la posibilidad del viaje, de la multiplicación y la supervivencia a través de la distancia. Pero también evoca la memoria de los cuerpos desplazados, de las migraciones y las pérdidas que atraviesan la historia humana y natural. En este sentido, Cuando el germen sueña con la diáspora puede leerse como una alegoría de la transmisión y la continuidad, donde la palabra poética se expande más allá de su origen, buscando nuevos territorios donde enraizar. La diáspora no es solo geográfica, sino también simbólica: la voz se disemina en las ondas sonoras, en los circuitos eléctricos, en los tejidos de las plantas, generando un linaje de resonancias que atraviesa materia y tiempo. El germen —esa potencia mínima de vida contenida en la semilla— sueña con la diáspora porque su destino es multiplicarse, salir de sí, devenir otro. En el contexto de la obra, este gesto se traduce en un ciclo de comunicación entre especies, donde el lenguaje humano se desplaza hacia el terreno de lo vegetal, y lo vegetal devuelve su respuesta en forma de vibración, de dato, de música.

 

La instalación plantea un ecosistema performativo donde cuerpo, voz y máquina se entrelazan. El micrófono, el altavoz, la placa Arduino y el sintetizador son prótesis que amplifican las relaciones entre lo humano y lo no humano. La tecnología, lejos de neutralizar la experiencia poética, la reconfigura: hace posible una escucha de lo imperceptible, una lectura del pulso vital a través del código digital. Este cruce entre arte, ciencia y espiritualidad se sitúa en la línea de las prácticas que exploran la materialidad del lenguaje y la inteligencia de lo vivo, cuestionando los límites de la comunicación. La obra convierte la bioconductividad de la planta en una partitura visual y sonora, haciendo visible una forma de escritura no verbal, un texto biológico que responde a la presencia humana.

 

El proyecto siempre se materializa con plantas autòctonas del lugar donde se realiza la acción que estan en peligro de extinción o que han sufrido un proceso de amenaza por la presión antropica sobre sus ecosistemas. Las acciones se han realizado con Girasoles silvestres en Tàrrega, con el arbol del Acebo en el País Vasco y el Eucalipto en Portugal.

When the Seed Dreams of the Diaspora (2023) is a project that intertwines poetry, biology, and technology to articulate a reflection on memory, language, and life in expansion. The work unfolds as a performative act sustained over time, a ritual that begins with the gesture of the voice and continues through vegetal growth in a process of constant transformation.From its inception, the piece is driven by a liturgical act in which the poet Cleofé Campuzano recites verses to a group of seeds. This initial moment, documented on video, constitutes the generative core of the work: an exercise in symbolic transmission in which poetic language is inscribed onto living matter. The seeds, arranged upon the membrane of a loudspeaker, receive the vibrations of the poet’s voice through amplified sound, as though human language could be imprinted within them through resonance. The scene acquires a ritual character: an invocation that grants the seed an acoustic memory, a germ that dreams of displacement, germination, and transformation.

 

Language as a Germinative Act

In When the Seed Dreams of the Diaspora, language is not merely a semantic vehicle but a vibratory and material energy. The poet’s voice acts as a vital force, activating a passage between language and biology. Through the encounter between sound and seed, the work proposes the possibility that words may leave traces beyond the human body, that poetic language might become a physical agent of transformation. This inaugural act—the recitation addressed to the seeds—constitutes a performance of transfer: an offering in which the text is embedded into matter as a vibrational code. The voice ceases to be discourse and becomes resonance, rhythm, and frequency. In this way, the seed becomes a living archive of language, carrying a memory that is not linguistic but energetic. The video documenting the initial action functions not merely as a record but as an extension of the gesture itself. Through projection or sound reproduced within the exhibition space, Campuzano’s voice continues to resonate throughout the environment, sustaining the poetic liturgy during the entire duration of the work.

 

From Seed to Sprout: Biotechnology and Vegetal Becoming

Following the recitation, the seeds are planted. From them emerge sprouts of different plant species, which grow and develop within the museum space. These plants, presented to the public, are connected to an Arduino microcontroller that records their bioconductivity in real time.

The installation translates the plants’ electrical variations—generated by their vital processes and environmental stimuli—into MIDI data, which is visualized on a screen as a dynamic musical score. This system transforms biological activity into a flow of sonic and visual information, making it possible to observe the vegetal organism’s responses to its surroundings and to human interaction.The result is a hybrid apparatus in which the biological and the technological coexist, generating a space of sensory mediation. The plants are not merely objects of observation but active agents within the system, producing signals, rhythms, and forms. Technology, in this context, does not translate nature; rather, it amplifies its agency, allowing its presence to become audible, visible, and shareable.

The poet’s voice, contained within the video accompanying the installation, continues to sound even during moments when no audience is present. In this way, the ritual extends indefinitely: the poem continues to be spoken over the plants, constantly reactivating the relationship between language and growth.

The work thus operates as a system of continuous resonance, where poetic energy and vital energy feed one another. The seed, now transformed into a plant, responds to sonic vibrations; technology translates its response into data; and the audience, through observation and participation, completes the symbolic circuit of the work.

The microphone remains active, available for new voices. During specific performative activations, both the poet and visitors are invited to intervene verbally by reciting or speaking into the microphone. These new voices enter the system as electrical impulses that alter the plant’s bioconductivity, modifying the data and, consequently, the visual score. Speaking once again becomes an act of sowing: each word transforms the plant’s behavior and rewrites the sonic landscape of the work.

 

Diaspora as Dispersal and Continuity

The title introduces a fundamental concept: diaspora as a metaphor for the displacement and dispersal of life. The seed embodies the possibility of travel, multiplication, and survival across distance. Yet it also evokes the memory of displaced bodies, migrations, and losses that traverse both human and natural history.

In this sense, When the Seed Dreams of the Diaspora can be read as an allegory of transmission and continuity, in which poetic language expands beyond its point of origin in search of new territories where it may take root. Diaspora is not only geographical but also symbolic: the voice disperses through sound waves, electrical circuits, and vegetal tissues, generating a lineage of resonances that traverses matter and time. The germ—that minimal potential for life contained within the seed—dreams of diaspora because its destiny is to multiply, to move beyond itself, to become other. Within the context of the work, this gesture is translated into a cycle of communication between species, where human language migrates toward the vegetal realm, and the vegetal responds through vibration, data, and music.

Ecology of Voice, Technology, and Living Matter

The installation proposes a performative ecosystem in which body, voice, and machine become intertwined. The microphone, loudspeaker, Arduino board, and synthesizer function as prosthetic extensions that amplify the relationships between the human and the more-than-human. Technology, far from neutralizing the poetic experience, reconfigures it: it enables a listening to the imperceptible, a reading of vital rhythms through digital code. This intersection of art, science, and spirituality aligns with practices that explore the materiality of language and the intelligence of living systems, questioning the limits of communication itself. The work transforms the plant’s bioconductivity into a visual and sonic score, making visible a form of non-verbal writing—a biological text that responds to human presence.The project is always realized using native plant species from the location where the action takes place, specifically species that are endangered or have been threatened by anthropogenic pressure on their ecosystems. Previous iterations have been carried out with wild sunflowers in Tàrrega, holly trees in the Basque Country, and eucalyptus in Portugal.

Cuando el Germen sueña con la Diáspora (2023-2024)

bottom of page