
Proyecto sonoro que sonifica la muerte de una planta de menta a partir de su bioconducitvidad.

Proyecto sonoro que sonifica la muerte de una planta de menta a partir de su bioconducitvidad.

Proyecto sonoro que sonifica la muerte de una planta de menta a partir de su bioconducitvidad.

Proyecto sonoro que sonifica la muerte de una planta de menta a partir de su bioconducitvidad.
La petite Mort de la Menthe (2026)
La Petite Mort de la Menthe (2026) propone una reflexión sobre la vida, la muerte y la traducción tecnológica de los procesos biológicos. La obra parte de un gesto simple y violento: el corte reciente de una planta de menta. A partir de ese instante inaugural, el organismo vegetal inicia una transformación irreversible. Lo que normalmente permanece oculto a la percepción humana —las variaciones eléctricas, los cambios fisiológicos, la progresiva pérdida de vitalidad— es captado mediante sensores de bioconductividad y convertido en sonido, datos y eventos MIDI. La planta deja de ser únicamente materia viva para convertirse también en instrumento, partitura y archivo de su propia desaparición. El título, La Petite Mort de la Menthe (La pequeña muerte de la menta), establece un diálogo entre diferentes significados de la expresión francesa petite mort. Tradicionalmente asociada a una experiencia de suspensión y pérdida momentánea de la conciencia, aquí la expresión se desplaza hacia el ámbito vegetal para nombrar un tránsito lento y silencioso. No se trata de representar la muerte como acontecimiento instantáneo, sino como proceso. La obra observa el intervalo entre el corte y el deceso, ese tiempo ambiguo en el que la vida persiste mientras se extingue.
La bioconductividad funciona como un lenguaje intermedio entre el organismo y la máquina. Las fluctuaciones eléctricas registradas no son interpretadas como mensajes codificados ni como una supuesta voz de la planta, sino como rastros de una actividad biológica que se resiste a desaparecer. Cada variación se transforma en una dimensión sonora que hace audible aquello que normalmente permanece fuera del alcance de nuestros sentidos. El sonido no ilustra la muerte de la planta; emerge de ella. La composición es, por tanto, una colaboración involuntaria entre un ser vegetal en proceso de deterioro y un sistema tecnológico de escucha y traducción.
La performance en directo enfatiza la dimensión temporal y ritual de la pieza. El público comparte con la planta la duración de su transformación, asistiendo a una experiencia en la que los cambios son mínimos, casi imperceptibles, pero constantes. Frente a la aceleración contemporánea, la obra propone una atención sostenida hacia un fenómeno lento, obligando a reconsiderar las escalas temporales con las que habitualmente entendemos la vida. El espectador no contempla un espectáculo de la muerte, sino una escucha prolongada de la vulnerabilidad.
La versión videográfica de larga duración extiende esta investigación al territorio del archivo. El registro conserva un acontecimiento irrepetible: la desaparición singular de un organismo específico. Sin embargo, lo que permanece no es el cuerpo de la planta, sino la huella de sus transformaciones convertidas en sonido y datos. La visualización generada a partir de los registros MIDI y acústicos revela patrones, densidades y trayectorias que recuerdan tanto a mapas científicos como a partituras abstractas. En ella, la muerte se presenta como una forma de composición involuntaria, una escritura biológica que se despliega en el tiempo.
La Petite Mort de la Menthe se sitúa así en la intersección entre arte sonoro, bioarte y prácticas de visualización de datos. La obra cuestiona las fronteras entre naturaleza y tecnología, entre observación científica y experiencia estética. Al escuchar la lenta desaparición de una planta, el espectador se enfrenta a una pregunta fundamental: ¿qué significa atender a una vida cuando su final ya ha comenzado? En ese espacio de escucha, la muerte deja de ser un punto final para convertirse en un proceso sensible, audible y compartido.
La Petite Mort de la Menthe (The Little Death of Mint) is a reflection on life, death, and the technological translation of biological processes. The work begins with a simple yet violent gesture: the cutting of a fresh mint plant. From that inaugural moment, the organism enters an irreversible transformation. What normally remains hidden from human perception—electrical fluctuations, physiological changes, and the gradual loss of vitality—is captured through bioconductivity sensors and translated into sound, data, and MIDI events. The plant ceases to be merely a living organism and becomes, simultaneously, an instrument, a score, and an archive of its own disappearance.
The title, La Petite Mort de la Menthe, establishes a dialogue with the multiple meanings of the French expression petite mort. Traditionally associated with a momentary loss of consciousness or a state of ecstatic suspension, the phrase is here displaced into the vegetal realm to describe a slow and silent transition. The work does not approach death as an instantaneous event but as a process. It observes the interval between the cut and the final demise—that ambiguous period in which life persists even as it fades away.
Bioconductivity functions as an intermediary language between organism and machine. The electrical variations recorded are not interpreted as coded messages or as the plant’s “voice,” but rather as traces of a biological activity resisting disappearance. Each fluctuation is transformed into a sonic dimension that renders audible what would otherwise remain beyond the limits of our senses. The sound does not illustrate the death of the plant; it emerges from it. The composition is therefore an involuntary collaboration between a vegetal being undergoing deterioration and a technological system designed for listening and translation.
The live performance emphasizes the temporal and ritual dimension of the piece. The audience shares the duration of the plant’s transformation, witnessing an experience in which changes are minimal, almost imperceptible, yet continuous. In contrast to the accelerated rhythms of contemporary life, the work proposes a sustained attention to a slow phenomenon, inviting us to reconsider the temporal scales through which we understand life itself. The spectator does not witness a spectacle of death, but rather participates in an extended act of listening to vulnerability.
The long-duration video version expands this investigation into the territory of the archive. It preserves a singular and unrepeatable event: the disappearance of a specific organism. Yet what remains is not the body of the plant, but the trace of its transformations translated into sound and data. The visualizations generated from the MIDI and acoustic recordings reveal patterns, densities, and trajectories that evoke both scientific diagrams and abstract musical scores. Within them, death appears as a form of involuntary composition, a biological writing unfolding through time.
La Petite Mort de la Menthe inhabits the intersection of sound art, bio-art, and data visualization practices. The work questions the boundaries between nature and technology, between scientific observation and aesthetic experience. By listening to the slow disappearance of a plant, the audience is confronted with a fundamental question: what does it mean to attend to a life whose ending has already begun? Within that space of listening, death ceases to be a final point and instead becomes a sensitive, audible, and shared process. It is not represented—it is translated, amplified, and experienced in real time.